El Puente
de la Mizarela es un monumento notable por diferentes motivos: es una obra de
arquitectura romana de gran belleza; está bien integrado en el paisaje;
tiene un solo arco, aunque de una extraordinaria elegancia; ocupa un lugar de
cierta importancia en la historia de Portugal, ya que allí fue donde
el ejército francés de la segunda invasión, comandado por
Soult, en una hábil maniobra reveladora del genio militar del Duque de
Dalmacia, consiguió escapar a la persecución a la que le sometían
los ejércitos portugués e inglés. La mayor parte de las
bajas sufridas por los franceses en su retirada fueron debidas a la resistencia
del pueblo de Barroso; y, por fin, por la leyenda que existe en torno a él.
La leyenda del Puente de la Mizarela cuenta que al Diablo debe su origen.
Es como sigue:
Un criminal, acosado por las autoridades, al llegar al orilla del Río
Rebagao (o Rabagao, como se dice) se dio cuenta de que tenía ante sí
una barrera infranqueable. Desesperado invocó al Diablo, que apareció
de pronto. El fugitivo le pidió ayuda para cruzar a la otra margen a
cambio de su alma. Entonces se oyó el retumbar de un trueno y una voz
que le decía que pasase sin mirar atrás. De pronto, el Diablo
levantó el puente para que pudiese pasar. El criminal, tan pronto hubo
cruzado, oyó cómo el puente se desmoronaba. Todo se mantuvo en
secreto hasta que el criminal, sintiendo que le llegaba la hora de su muerte,
se quiso confesar para revelar este hecho a un sacerdote.
Éste, se puso a meditar para encontrar la manera de proceder para engañar
al Diablo. Se disfrazó, fue al lugar llamado Penedo del Púlpito,
y allí invocó al Maligno, a quien rogó que lo ayudase a
pasar a la otra ribera a cambio de su alma. La escena se repitió: se
oyó cómo una voz le decía que pasase sin mirar hacia atrás
y, simultáneamente, apareció el puente. El padre comenzó
a cruzar, pero amistad de camino arroja sobre el puente el agua bendita que
traía escondida, hace la señal de la cruz y pronuncia la oración
del exorcismo. Del Diablo sólo quedó el olor a pez y a azufre.
El puente allí permaneció hasta nuestros días.
A la par de esta leyenda hay otra que dice que las mujeres que no consiguen
llevar a buen término su embarazo, se dirigen al puente para pedirle
al primer hombre que pase que bautice al feto que llevan en el vientre. Si tuviera
éxito el embarazo y naciera un niño, éste se llamaría
Gervazio, y si fuera niña, su nombre sería el de Senhorinha.
Sobre el nombre de Mizarela, transcribo la siguiente justificación de
las “Memorias Parroquiales”, de 1758.
“El río Mizarela que yo sepa tiene dos puentes, uno que toma el
nombre del mismo río, Mizarela, palabra corrupta pues su nombre auténtico
es puente Miserere, cuyo nombre mereció por aterrorizar a los que por
allí pasaban por primera vez, así como por ser muy alto y de un
solo y muy antiguo arco, como por ser muy estrecho y estar construido en un
lugar tenebroso, donde las aguas cayendo desde lo alto sobre roquedos cóncavos
levantan humaredas en el aire, el cual se encuentra en el distrito del lugar
de Cidroz ...”
1) Río Mizarela o Río Rabagao
2) Cidrós es una aldea de la parroquia de Ferral, ayuntamiento de Montalegre.